Zeiss Ikon ZM, incomprendida y maravillosa telemétrica

Con todos ustedes, la Zeiss Ikon ZM (con un Voigtländer Ultron 35mm f1.7 prestamo de Alberto, hasta que pueda permitirme comprar un 35 o un 50mm propio):

Hace algún tiempo, escribí un artículo mencionando el tema Réflex VS Telemétricas. En ese artículo, más o menos venía a decir que las réflex son geniales para todo salvo para una cosa – en la que las telemétricas ganan por goleada – que es la fotografía con poca luz.

Tras una breve experiencia con dos objetivos Zeiss ZF para Nikon (28 y 50mm), que no resultó particularmente satisfactoria – ya os hablaré de mis impresiones sobre ellos en cuanto revele carretes -, decidí venderlos y con ese dinero me hice con otro objetivo para Nikon – ya vereis cuál, os va a sorprender – y con esta cámara.

Llevo menos de una semana con la Zeiss Ikon, pero es un vicio, estoy encantadísimo con ella y por ahora no le he podido sacar ningún defecto.

Esta cámara es una de las pocas de carrete que se pueden comprar ahora mismo nuevas en tienda, aunque son relativamente fáciles de encontrar de segunda mano y os costarán más o menos la mitad que lo que pagaríais por ella nueva. Además, pertenece a esa rara categoría de telemétricas con prioridad de apertura (modo A).

Es muy compacta, mide 138 x 38 x 72mm (lo he mirado por internet) y pesa poco menos de 500 gramos. Está hecha casi completamente en metal y se puede encontrar en dos versiones: cromada, como ésta o en color negro.

Veámosla en detalle:

En el frontal sólo tenemos el botón para liberar el objetivo y la palanca de previsualización de líneas de encuadre – hecha en plástico -. El fotómetro mide la luz reflejada en esa banda color gris claro que hay dentro.

Como podeis ver, las cortinas del obturador son metálicas, sin embargo, el sonido que dan es muy suave, casi inaudible – mucho mejor que el de la Bessa R2, desde luego y más cercano al de la Leica M2 – y no vibran nada, así que no hay problema, como con una Leica, en disparar a 1/8 o incluso 1/4 cámara en mano si tenemos buen pulso.

En la parte superior, como veis está la palanca de avance y el dial de velocidades (de 1 segundo a 1/2000, aunque en modo A baja hasta 8 segundos) que también sirve para fijar el ISO (de 25 a 3200 con variaciones de 1/3). El disparador tiene un pequeño seguro alrededor (esa parte “rugosa” que está delante), que sólo sirve para perder fotos, pues no ahorra batería ya que aunque la cámara esté siempre “encendida”, el fotómetro sólo se activa durante unos 15 segundos cuando apretamos el disparador a la mitad, y eso si la película está avanzada.

¿No notais que falta algo en la parte superior? La manecilla para el rebobinado está en la parte de abajo – luego voy a esto -. Quitándola de arriba, han conseguido arañar unos milímetros más a la EBL (para saber qué es esto, mirad casi al final de mi reseña de la Bessa R2a) y, especialemente, crear el mejor visor que he visto en una telemétrica. Luego os lo enseño, pero os adelanto que es enorme, parece una ventana.

En la parte de atrás, nada que destacar, salvo el botón bajo la zapata del flash para bloquear la exposición. No hay que mantenerlo presionado, se pulsa una vez y se bloquea la exposición. Ésta mantendrá el valor seleccionado hasta que lo pulsemos de nuevo – se iluminará un aviso dentro del visor diciéndonos que está bloqueado -. Parece incomodísimo, pero justo donde cae es donde iría el pulgar derecho.

En el lateral izquierdo, la sincronización con el flash y la apertura para poner el carrete. Tiene un seguro de forma que hay que hacer un movimiento de L invertida (izquierda y arriba) para abrirlo.

En la parte de abajo: manivela de rebobinado (va en sentido contrario al habitual, como pasaba con la Rollei 35TE pero es muy grande y cómoda), compartimento de las pilas (2 de 1,5v o una de 3v), botón para rebobinar la película y rosca para el trípode.

En cuanto al visor… como he dicho, es grande como una ventana (mirad en la tercera foto el detalle de cómo “sobresale” en la parte superior). Tiene una magnificación de 0,74x (Leica es 0,72) y esto incfluye junto a la distancia entre el visor y la ventana del telémetro en crear una EBL (de nuevo: ved el artículo de la Bessa R2a, casi al final para saber de qué hablo) de 55,5mm. El del visor estandar de Leica con magnificación de 0,72 es de 49,86mm, así que ésta es la telemétrica actual con montura Leica M con mayor precisión en el enfoque, sólo superada por la magnificación opcional de Leica de 0,85x (que da una EBL de 59,1mm), pero con ésta perdemos las líneas de encuadre para 28mm.

La cámara muestra cuatro líneas de encuadre que se seleccionan automáticamente: 35, 50 y, en el mismo, 28 y 85. Las líneas tienen compensación de paralaje automática hasta 0,7m (la distancia mínima de enfoque que detectará el telémetro).

A la izquierda tendremos las velocidades en un árbol que iluminará los valores de 1 a 1/2000. Si es más de 1 segundo, el 1 parpadeará; también, en la base del árbol, si tenemos pulsado el botón de bloqueo de exposición, se iluminará otra luz abajo del todo diciendo AEL. Estos números son un poco difíciles de ver durante el día, si bien da igual, porque cuando importan de verdad las velocidades es con poca luz y ahí se ven muy bien.

Ésto es lo que veríamos con el encuadre de 35mm:

Fijaos en el detalle de que la línea de encuadre dice, en la parte inferior la focal (35, en este caso). El parche del telémetro es suficientemente grande y se ve bien siempre que se tenga el ojo más o menos centrado en el visor, que, por lo demás, es un placer de usar. Es realmente nítido y luminoso; el 35 tiene bastante “aire” alrededor, lo cual se agradece, pero es aún mejor con la línea de encuadre de 50mm:

y esto se vería con la de 28/85mm:

La foto me ha salido torcida, lo siento, pero, como veis, la línea de 28mm, ocupa casi todo el visor (de hecho, la cámara mía no ha sido capaz de captarlo). Esto puede ser un problema para quien lleve gafas.

Y básicamente aquí concluye mi reseña. Al comienzo he llamado a esta cámara “incomprendida”, pues no goza de demasiada popularidad… eso es una pena, porque es genial, pero tiene el problema de caer en tierra de nadie. Me explico: con un precio (nueva) en torno a 1200 euros, se encuentra entre las Bessa y las Leicas. El que tiene poco dinero, va a por una Bessa y el que tiene mucho, a por la Leica, y nadie considera la pobre Zeiss Ikon. Sin embargo, esta cámara ofrece muchas cosas que la hacen una cámara completamente diferente y por las que uno debería considerarla como opción de entrada, no como una “quiero ser Leica, pero no puedo”, tales como: 1) su excelente visor, con mayor precisión en el enfoque sin perder las líneas de 28mm, 2) el que las línea de 35 y 50mm aparezcan solas (no conozco a nadie que emplee las de 135mm o 75mm incrustadas dentro de éstas en las Leicas estandar), 3) el tener una mayor velocidad superior de 1/2000 y un obturador metálico pero aún así, silencioso, 4) el ser más ligera (esto puede ser una desventaja para algunos) e igual de pequeña que la Leica MP (la M7 es algo más alta y gorda), 5) una manecilla de rebobinado que está debajo, pero es enorme, rápida y comodísima (frente a la “torcida” y pequeña de la M6 o el obsoleto sistema de la MP que es igual que el de la Leica M2)…

Yo estoy contentísimo con ella y, o mucho me equivoco, o ésta está destinada a quedarse conmigo para siempre y complementar a mi Nikon FM3a en situaciones de poca luz. Dado todo lo que ofrece, no la cambiaría por ninguna otra telemétrica.

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7 comentarios en “Zeiss Ikon ZM, incomprendida y maravillosa telemétrica

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