Leica M6, un clásico

Desde la Zeiss Ikon ZM no habíamos tenido por aquí una invitada tan ilustre – o, al menos, tan cara -, pero gracias a un préstamo de Matías Hyde, aquí os dejo la reseña de la Leica M6:

Aparece con un Voigtländer Color Skopar 35mm f2.5 MC (originalmente de montura a rosca con un adaptador) también prestado por Matías y que reseñaré más adelante.

La Leica M6 se fabricó ininterrumpidamente desde 1984 hasta 1998. En 1998 – hasta 2002, que la sustituyó la Leica MP – fue sustituida por la Leica M6 TTL, virtualmente la misma cámara, ligeramente más alta y gorda con un dial de velocidades más grande, similar al de la M7 y otros cambios, entre ellos, el principal, la medición de flash TTL.

A lo largo de su larga historia se produjeron infinidad de ediciones conmemorativas cuyo único interés es por parte de los coleccionistas. Si teneis tiempo y ganas, pinchando aquí encontrareis toda la lista – en inglés -; a la hora de dispararlas, la única edición que difiere es la Leica M6 0,85x, que tiene una magnificación en el visor de 0,85 en vez de la estandar de 0,72.

Veámosla en detalle:

En el frontal tenemos el botón para liberar el objetivo, la palanca de previsualización de líneas de encuadre – hecha en plástico – y la palanquita para rebobinar el carrete, que, como en la Leica M2, hay que mover hacia la R. El fotómetro mide la luz reflejada en ese punto blanco que aparece en el centro al cargar el obturador.

Bajo esa tapa circular que hay cerca de mi pulgar es donde se alojan las pilas (2 de 1,5V o una de 3V), que sólo operan el fotómetro, pues la cámara es completamente mecánica.

Como podeis ver, las cortinas del obturador son de tela, lo cual nos da un sonido increiblemente silencioso y una facilidad asombrosa – unida a la ausencia del espejo característico de las réflex – para disparar a velocidades bajas a pulso (no tendreis problema para disparar un 50mm a 1/4), como hacía yo con la Leica IIIf; en resumidas cuentas, esa es la única ventaja de las telemétricas frente a las réflex.

En la parte superior, como veis está la palanca de avance y el dial de velocidades (de 1 segundo a 1/1000 además de B, que es la única posición en que siempre está apagado el fotómetro). La manecilla de rebobinado puede parecer cómoda, pero es demasiado pequeña y el hecho de que esté ladeada lo vuelve algo raro, la de la FM3a es mucho mejor, aunque nada supera la de la Zeiss Ikon ZM.

En la parte de atrás se encuentra la selección del ISO, por medio de esa “rueda”, que presionamos al centro y colocamos las flechas sobre el ISO que empleamos. Como veis, va de 6 a 6400 en incrementos de 1/3

Típicamente Leica – una idiosincrasia que han tratado de mantener incluso en digital con su Leica M9 – la carga de la película se hace desde abajo, para ello, en la parte de abajo hemos de quitar esta tapa girando la manivela de la izquierda en la foto:

Observad que la rosca del trípode cae a la derecha – en la foto -… esta cámara no está pensada para trabajar en trípode; quitada la tapa, vemos esto:

Sólo queda seguir el diagrama en la base para poner el carrete, poner la tapa y ponernos a disparar.

En cuanto al visor… tiene una magnificación de 0,72 y esto incfluye junto a la distancia entre el visor y la ventana del telémetro en crear una EBL (ved el artículo de la Bessa R2a, casi al final para saber de qué hablo) de 49,86mm.

La cámara muestra seis líneas de encuadre que se seleccionan automáticamente: 35 y 135, 50 y 75 y 28 y 90. Las líneas tienen compensación de paralaje automática hasta 0,7m (la distancia mínima de enfoque que detectará el telémetro).

Dos flechas rojas apareceran en la parte inferior del visor indicándonos sobre o subexposición. En el momento en que aparecen las dos iluminadas igualmente, la exposición es correcta.

Ésto es lo que veríamos con el encuadre de 35mm:

Las líneas de encuadre más cómodas de ver son las de 50 + 75:

y esto se vería con la de 28 y 90mm:

Como veis, la línea de 28mm, ocupa casi todo el visor (de hecho, la cámara mía apenas ha sido capaz de captarlo). Esto puede ser un problema para quien lleve gafas.

El visor está bien, pero el de la Zeiss Ikon ZM le da cien vueltas tanto en magnificación como en calidad, estando mucho más cerca a un visor de tipo HP.

Aquí concluye mi reseña. He usado y disfrutado esta cámara durante más o menos dos semans. ¿He deseado que fuera mía? Realmente, no. Para empezar, me he acostumbrado demasiado a la prioridad de abertura, que considero de una comodidad asombrosa y volver a medir sólo en modo manual me resulta algo tedioso; si tuviera suficiente dinero como para comprarme la telemétrica que quisiera, iría a por la Zeiss Ikon sin dudarlo, dado que aporta todas las ventajas – e inconvenientes – de una telemétrica además de unas cuantas mejoras – mirad mi reseña y vereis cuáles -.

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8 comentarios en “Leica M6, un clásico

  1. Me han regalado un cuerpo de leica m6, solo el cuerpo, nunca la he usado, si quisiera venderla cuanto deveria pedir por ella?

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