El pasado 10 de abril, os hablaba en una reseña de las maravillas de la película Protopan 400, que últimamente es una de mis preferidas. En dicha reseña aparecía esta foto:
El caso es que lo estaba pensando y creo que hay fotos que no podrían hacerse en digital. Mejor dicho, que no “existirían” y no por las razones que hablaba al decir que hay fotos que no podrían hacerse en analógico - de eso, de la limitación del medio conforme a las fotos que se obtienen empleándolo podríamos estar hablando toda la vida - sino por algo más sencillo, mucho más: si esa foto la hubiera hecho con la Panasonic LX7, la habría borrado inmediatamente por estar desenfocada y movida. Tal vez me habría tirado un momento tratando de sacarla bien y al final habría seguido adelante con un paisaje urbano insulso. Sin embargo, con el carrete, se quedó ahí, seguí andando, me olvidé de ella y al verla el otro día, aunque no soy nada de paisajes, pensé “vaya, qué interesante”.
Creo que el desenfoque y la falta de nitidez le dan “carácter” y al margen de que la foto sea una chufa, gracias a que no se puede borrar, está ahí y está “disponible”; creo que no consigo expresar lo bonito que me parece un medio que permite albergar tanto los “éxitos” como los “fracasos” y que permite revisar con más calma y con la cabeza más serena y descubrir meses después errores que resultaron no serlo; sin duda se podría hacer igual en digital – Alberto siempre me dice “no borres las fotos” -, pero hay que tener una fuerza de voluntad enorme para resistir la tentación de no borrarlas y quedarnos sólo con la “correcta” – sobre todo cuando que en digital se dispara muchísimo más que en analógico – y, aunque no sea así, aunque se queden ahí, como comentaba el otro día con Ignacio Navas: “escoger es muy difícil”, pero creo que el tener ahí presente “obligatoriamente” todo el proceso de los contactos, nos puede hacer la vida más fácil a la hora de seleccionar, ya que, como decía Garry Winnogrand – creo que era él, pero no es textualmente – hay que dejar la foto “macerar” para “distanciarnos” de ella y poder decidir más objetivamente (olvidada ya la emoción del momento en que se captó) si es una buena foto o no… y el analógico es insustituible para eso, pues no es lo mismo ver una foto “mala” en el acto, borrarla y disparar la buena que tenerla ahí presente en los negativos un mes después junto con la mala… que al final puede resultar mejor que la “buena” – y eso sin entrar a comentar lo interesante que es el proceso de ver los contactos -.




















