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Cámaras

Cuando hablé tiempo atrás de la Panasonic LX7 puse énfasis en su objetivo tan luminoso (24 – 90 f1,4 – 2,3) que compensaba el hecho de que al tener un sensor pequeño no pudiera ir con dignidad por encima de ISO 800; pues bien, esa luminosidad me resultó muy útil el otro día en un concierto en el que conseguí sacar un par de fotos bastante aceptables afrontando muy poca luz:

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P1070272Desde luego, las compactas tienen muchas desventajas y no se puede hacer algo como un concierto de forma “seria” con ellas, pero me ha alegrado ver que se puede llegar a hacer algo decente empleando ésta.

Por cierto, el grupo se llama Retrovisor, van a sacar disco en breves y merece la pena oirles, os dejo una canción suya al final. Ah, han dicho que se desnudan si llegan a los 500 “me gusta” en su página de Facebook, así que no estaría de más que le dierais, aunque sea por comprobar si se atreven al final.

Hace unos días, hablando de la “calidad Polaroid” mencionaba de refilón que ésta fue mi primera cámara, la Polaroid 636 Closeup:

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¿Bonita, verdad? Desde luego no tiene el encanto de la SX-70, pero para ser un pedazo de plástico, no es tan fea.

Realmente ésta no es mía, sino de Marta… una igual a ésta fue mi primera cámara, que me regalaron cuando yo rondaba los 12 años para saciar mi ansia de ver las fotos en el acto. Recuerdo que los carretes costaban un pastizal, así que rara vez tenía alguno (cuando nos íbamos de viaje y cosas así, me compraban un par de ellos y ya). Con el tiempo, desapareció, no sabemos qué fue de ella. Lo mismo algún día la encuentro al fondo de algún altillo.

El caso es que hace unos tres años, en Cádiz, de vacaciones, paseaba por un mercadillo y vi que tenían esta cámara a la venta por 100 euros… me doy un paseo, recuerdo que a una amiga – Marta, colaboradora ocasional – le hacía ilusión tener una Polaroid y me planteo regalársela. Vuelvo al puesto y le pregunto al tipo si aceptaría rebajarla: “sí, a 80″… me sigue pareciendo un robo, saco el teléfono y busco en la aplicación de eBay la cámara… 25 euros en “cómpralo ya” con funcionamiento garantizado la más barata, se la enseño al tipo y digo “Vale 25 euros con funcionamiento garantizado. ¿Me garantiza que está funcionando bien”, me responde “sí, sí, claro”. “¿La ha probado con carrete?” “No…”. Momento de silencio, nada que perder: “Le doy un euro por ella.” “¿¡Un euro!?… que sean tres y por lo menos tengo para un par de cañas”. Acepté, claro. Realmente esperaba que subiera por lo menos a 10  o 15 euros, que pensaba aceptar igualmente. Como os dije anteriormente: el mejor regateo que he conseguido nunca: 3 euros por una cámara.

Bueno, hablando de ella: la cámara emplea los carretes de tipo 600. Los controles son minimalistas, al lado derecho tenemos arriba el disparador y abajo el botón para sacar el cartucho vacío y ponerle uno nuevo.

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Los únicos controles en la fotografía se ubican en el frontal, al abrir la cámara, con la palanquita para aclarar u oscurecer la foto y el “resorte” para ponerla en modo “closeup”, que al activarlo desliza una lente de plástico encima del objetivo,  así como un “marco” sobre el visor para ayudar en el paralaje. De esta forma, la cámara el enfoque fijo de la cámara cambia a entre 0,6m y 1,2m en lugar de 1,2m al infinito. Realmente nunca he llegado a usar esta función.

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Y no hay mucho más que contar, mirando desde atrás tenemos el contador de exposiciones y el visor, que no ofrece ninguna información en su interior. No usa pilas pues los carretes de Polaroid las llevan incorporadas en su interior.

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¿Merece la pena esta cámara? Yo creo que sí. Tal vez no tenga el encanto de las Polaroids de antes, esas joyas que son las Land Cameras o la ya mencionada SX-70, pero para hacer fotos, vale. Además, es tan barata, que si se rompe, no tendréis que preocuparos, podréis comprar otra sin llorar nada por ella y, creedme, os sentiréis bien al haber pagado poco por la cámara cuando veáis el precio que tienen las cargas de Polaroid.

Hace unos días llegó a mis manos una Rolleicord IV (que reseñaré en cuanto tenga un momento); el tema es que, como muchas TLR antiguas, la pantalla de enfoque, a pesar de estar limpia y libre de arañazos, dejaba mucho que desear en cuanto a luminosidad, viéndose algo así:

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A plena luz del día no es un problema, pero con una luz interior (como se ve), es difícil, y con poca luz es casi imposible enfocar a gusto.

Tras investigar un poco llegué a la página de Rick Oleson… leyendo un poco veo que fabrica pantallas de enfoque para diferentes cámaras, entre ellas, la Rolleicord IV, y viendo que sólo cuesta 30 dólares, decido lanzarme y encargarle una. Una semana después me llega y siguiendo este manual que encontré en Flickr, la cambio; el resultado no podría ser mejor:

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Para todos los que se quejan de la poca luminosidad de las pantallas de enfoque, creo que esta solución es perfecta y que merece la pena los 30 dólares que cuesta; además, uno puede seleccionar el patrón que quiere que tenga como rejilla.

Bueno, según he leído en este artículo y confirmado en otros lados, al parecer es cierto que Cosina ha decidido dejar de fabricar la Zeiss Ikon ZM. Será mejor que la borre de nuestra lista de cámaras de película que se siguen fabricando a día de hoy

En su día pasó esta telemétrica por mis manos. Hube de venderla por motivos económicos pero es una de las cámaras que más me ha gustado jamás. Sin embargo, ya en su reseña comentaba que esta cámara tenía el futuro algo negro, porque “El que tiene poco dinero, va a por una Bessa y el que tiene mucho, a por la Leica, y nadie considera la pobre Zeiss Ikon“.

No sé los demás, pero yo la echaré de menos, una de las cosas que me propuse era volver a comprarme una en cuanto estuviera más desahogado económicamente, esta vez en color negro… habrá que tirar del mercado de segunda mano…

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(Pinchando en la foto, podeis ir a la reseña que hicimos en su día)

El caso es que el otro día me compré un libro sobre él. Se llama Henri Cartier-Bresson El disparo fotográfico y está escrito por Clément Chéroux y editado por Blume. Un libro que os recomiendo, no sólo porque es barato (creo recordar que pagué diez euros por él en el Vips), sino porque no es de fotos suyas, sino “sobre él” – aunque incluye, entre medias, algunas de sus fotografías más conocidas -. Está escrito en plan biógrafía, pero lo más interesante  viene al final, con un anexo de textos escritos por el propio Cartier-Bresson.

En uno de esos textos, se intuye lo mucho que el fotógrafo “desdeña” el equipo, importándole el resultado – las fotos -, no con qué se han tomado, al decir “¿Escribir unas palabras sobre la cámara fotográfica?… Uno se siente inmediatamente como aquellos personajes que, en las páginas de publicidad, intentan demostrar, con una copa en la mano, que si se bebe determinado whisky se es un perfecto caballero; pero, en el fondo, siempre me he temido que, en privado, beben cualquier cosa, o incluso que tienen la templanza de un vegetariano.” Lo de los vegetarianos no me ha quedado muy claro, pero lo otro es bastante elocuente. Acto seguido explica por qué lleva toda su vida fotografiando con “el pequeño formato 24×36“, como él lo llama y dice “La cámara de pequeño formato 24 x 36 es más discreta y manejable que las demás. Sus 36 imágenes evitan tener que recargarla constántemente, como si se le acabara el aliento durante el transcurso de un acontecimiento interesante y algo largo.” Hasta aquí creo que estaremos de acuerdo en que le habría encantado alguna digital con sus cientas y cientas de fotos sin cambiar tarjeta, pero después lo deja aún más claro: “Los objetivos de pequeño formato poseen objetivos infinitamente más luminosos que los de formato mayor, y permiten captar un sujeto en vivo y en directo con las condiciones de iluminación más adversas. Con emulsiones de películas tan rápidas como las que existen hoy en día, y las que se desarrollarán, ya no es necesario entregarse, con contadas excepciones, a esta horrible masacre que es el empleo del <<flash>>.” El texto completo fue escrito en 1952… Ay, Henri, si hubiera visto lo que hacen algunas digitales a ISO 25600, posiblemente jamás hubiera vuelto a entrar en un cuarto oscuro.

Espero no levantar muchas ampoyas con el artículo… Entre esto y la Panasonic LX7 vais a pensar que me voy a ir al digital definitivamente, pero no es así: como dije la otra vez, la clave está en compatibilizar, si no, nos perderemos lo mejor de los dos mundos.

Hace un par de días mencionaba la Panasonic LX7 en otro artículo. Dado que es la cámara que más estoy usando hoy por hoy, me parece propio el dedicarle unas pocas líneas.

 

La LX7 - o la Leica D-LUX 6, como más os guste, es la misma cámara con variaciones estéticas -, como os decía en el post anterior, llegó a mis manos cuando la Olympus Mju II decidió que ya había trabajado bastante. Casi 20 años haciendo fotos… se merecía la jubilación, pues ya empezaba a dar síntomas de que quería descansar: rebobinar rollos a la mitad, subexponer sin motivo… Así que me vi sin compacta y al tener que elegir, me incliné por ésta. ¿Y entre la enorme oferta de cámaras compactas digitales, por qué ésta? Por estas dos razones:

 

Fijaos en el aro en torno al objetivo: la LX7 es la única compacta hoy por hoy con un anillo de apertura dedicado y de funcionamiento mecánico, con incrementos de 1/3 de paso. Ergonómicamente, para alguien como yo que dispara casi exclusivamente en prioridad de apertura, esto es una gozada; la otra razón es ésta:

 

Objetivo 24-90mm f1.4-2.3 ; una luminosidad en el objetivo que es lo máximo que se puede encontrar en compactas. Hay otras que son casi tan luminosas en el angular, pero en el tele siempre se “cierran” demasiado. Esta mantiene una luminosidad muy digna en todo el recorrido, que además es bastante amplio (para mí, más que suficiente). Puede convertirse en más “tele” mediante el zoom digital de la cámara, pero con eso perdemos el disparo en RAW, que es otro de los puntos de interés que tiene adquirir esta cámara).

Cuando la encendí, además, descubrí una cosa que me encantó, y es que el zoom se puede configurar para que vaya de focal en focal, es decir, que cada vez que se le de un toquecito al control del zoom – como ocurría en la Konica Lexio 70 -, avance a 24, 28, 35, 50, 70 o 90 sin pararse entre medias; otra cosa genial es que se puede activar la opción de que la cámara al encenderse, lo haga en la última posición que se encontraba el zoom al apagarla, lo cual implica que podemos llevar la cámara apagada, encenderla y tener un 35mm, por ejemplo, ya “puesto” y listo para disparar. Como comprenderéis, para los que estamos acostumbrados – y preferimos – focales fijas, esto es todo un placer.

Como suele ocurrir con las compactas, el enfoque manual es casi inútil, pero el automático funciona muy bien, aunque supongo que con un sensor tan pequeño, es difícil notar errores en el enfoque – luego iré a esto -; el AF es rápido y se defiende muy bien con poca luz. No es que sea un relámpago, pero desde luego es muy rápido y no suele “dudar” mientras haya contraste.

Los controles importantes se encuentran acceibles y a mano distribuidos entre el objetivo y la parte trasera, incluso tiene un botón para activar un filtro de densidad neutra que va dentro del objetivo y que nos restará tres pasos de exposición. Todos los demás están ahí: ISO, modo de disparo, punto de enfoque, AEL… la rueda trasera en A compensa la exposición y en M cambia la velocidad. Por cierto, que nunca entenderé porqué estas compactas, destinadas primariamente a gente que tira en RAW tienen el botón para WB, en vez de un control directo para el modo de medición (central, puntual o matricial), mucho más últil pues el balance de blancos se puede corregir luego en el ordenador si el modo “auto” no ha acertado”.

En cuanto al ISO, como es de esperar, de 80 a 400 es fantástico; un ejemplo a 400, perfectamente nítido:

Ninguna de las fotos ha sido pasada por ningún tipo de máscara de enfoque, sólo se ha convertido a blanco y negro y se ha ajustado brillo y contraste en photoshop; la siguiente está a 800, el límite para conseguir algo aceptable:

A 1600 en blanco y  negro y suponiendo que no queramos imprimir una copia muy grande (20x30cm como  mucho), creo que es salvable aunque, desde luego, la calidad descienda drásticamente:

 

Esa foto se tomó sin apenas luz, la otra noche. Lo bueno es que con la óptica tan luminosa en todo el recorrido casi nunca hay que subir por encima de 400 a pesar de que llega a 6400 – que os aseguro que es prácticamente inútil -; además, sin espejo que nos “desestabilice” al “saltar” como en las réflex y con la estabilización integrada en el cuerpo, es muy fácil disparar a velocidades bajas.

Todas esas características unidas al obturados central absolutamente silencioso (razón que comentaba en el post anterior y que es más útil de lo que uno puede pensar de entrada), hacen de esta cámara una elección perfecta para la fotografía de calle; se comenta que no se está vendiendo muy bien. No me cuesta imaginar el porqué: como comentaba cuando me enteré del anuncio de la Sony RX1, la gente quiere un sensor grande, ande o no ande, así que prefieren cámaras como la Sony RX100, por ejemplo, con su sensor del mismo tamaño que el empleado en las Nikon 1, a una con un sensor pequeño como ésta, sin pensar en lo buena que es ergonomicamente o lo luminosa que es la óptica, que convierte la foto sin flash y con poca luz en un juego de niños; sin duda, un sensor algo mayor va a trabajar mejor con ISO alto, pero siempre va a ser a costa de objetivos más grandes u ópticas menos luminosas y en cuanto a la opción de desenfocar cosas, como no nos metamos ya en algo tipo micro four thirds o mayor, las opciones son casi nulas; como os digo, para diario, me quedo con ella sin duda y como opción de cámara compacta, me parece la mejor del mercado, más si tenemos en cuenta que, como no se están vendiendo muchas, en algunos sitios ahora vale menos de 300 euros.

 

Aprovechando la enfermedad de mi Olympus Mju II (a veces le da por rebobinar carretes a la mitad, al parecer es un error muy común de estas cámaras cuando están a un paso de fenecer), me vi sin compacta y, siguiendo el consejo de nuestra colaboradora, Marta, la voz del sentido común, en vez de aprovechar la excusa para comprarme la Fuji Klasse S, me compré una compacta digital para, además, poder cubrir las exposiciones con algo decente.

El caso es que para diario, para hacer el tonto por ahí, es una muy buena opción. Reconozco que el carrete es muchísimo superior (especialemente en lo tocante al rango dinámico) y que es más cómodo – al menos para mí – el “archivarlo”, pues me gusta pasar en el ordenador el menor tiempo posible – y he abierto una tienda virtual ¿qué ironía, verdad? – y, sobre todo, que el blanco y negro, no es más que un pálido reflejo de lo que es “el de verdad”; sin embargo, a pesar de todo, hay ocasiones en que resulta muy útil, y fue, por ejemplo, el otro día al hacer estas dos fotos (en momentos no consecutivos) que sin el silencioso obturador de la Panasonic LX7 - de la que tal vez hable con más detenimiento en otro artículo – y sin la pantalla que evita el delator gesto de llevar la cámara al ojo, me habría resultado imposible tomar:

En la primera, sin duda el carrete habría llamado la atención, si no por el ruido del obturador (una Leica suena como un cañonazo comparada con la LX7), por el gesto de llevar la cámara al ojo que habría hecho que miraran a la cámara y se rompiera el interés de la foto; en cuanto a la segunda, estaba demasiado cerca (es en el autobús, en esos sitios en los que uno se sienta frente a frente) como para haberme atrevido a hacerlo.

Cada día que pasa, me doy cuenta de que no es bueno cerrarse a un sólo medio, ni siquiera a un solo formato (de hecho, hace poco a llegado a mis manos una Agfa Isolette de formato medio que estoy empezando a disfrutar). Cada uno tiene su sentido.

PD: Aprovecho este post para disculparme por las semanas de silencio en cuanto a artículos. Nuestro equipo anda en crisis, Marta y yo muy liados con la tienda y Matías – no es coña – dudando si cambiar la fotografía por hacerse bailarín de Lindy Hop:

El otro día mandé a revelar unos carretes de Fujifilm Superia X-TRA 400 que andaban dando vueltas por mi casa desde hace seis meses… muy mal, pero a veces uno no se da cuenta.

De uno de ellos salió esta foto, que creo que recordar que hice en febrero o así:

Fijaos qué nitidez y qué desenfoque, imposible de conseguir con una compacta digital a día de hoy: esa foto está hecha con la Olympus Mju II, una cámara maravillosa que de vez en cuando sigue sorprendiéndome al ver lo que hace. Dicha cámara se puede encontrar por menos de 60 euros en eBay en perfecto estado, cabe en el bolsillo sin problemas – incluso en unos vaqueros – y es “full-frame” pues emplea carretes de 35mm.

¿Quereis tener la mayor calidad siempre en vuestro bolsillo y no tener que pedir una hipoteca? Olvidad la Leica X2 – que, además, es mayor -: gastaos 60 euros en la Mju II (leed la reseña que hice hace tiempo pinchando en el enlace si no la conoceis), 200 en un escaner de negativos (el Epson V500 es genial y además sirve como escaner de documentos) si no teneis ya uno y empezad a disfrutar.

Hace no mucho, Daniel Belenguer nos hablaba de su experiencia fotografiando bodas con cámaras Leica.

Hoy nos deja unos comentarios acerca de la Mamiya 7.

Para poder poneros la maquetación tal y como él me la ha mandado, he tenido que subir el texto como si fueran imágenes, por eso puede que tarde un poco en cargar. También por eso se ve un poco pequeño, pero si pinchais en las páginas podreis leerlo mejor y ver las fotos con más detalle.

Espero que lo disfruteis:

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